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Es increíble la transformación que SocialMedia está causando en la forma en que se cuentan, transmiten y se apropian las historias. Al habilitar a cualquiera a captar, contar y recopilar una historia, ya sea oralmente, por medio de fotos, videos o escritos y pudiendo esto ser publicado de inmediato en la Internet, se está gestando un cambio que todos perciben, pero muy pocos saben valorar.

Uno de los que posiblemente esté más claro sobre este cambio es el Prof. Henry Jenkins del MIT. El plantea que hemos pasado de un sociedad basada en historias personales contadas al borde de una hoguera a una sociedad del siglo XX donde las grandes corporaciones manejan las historias y tratan de apropiárselas, defendiéndolas con leyes de derechos de autor y otras artimañas, aunque originalmente las historias no les pertenecieran. Sin embargo, la revolución digital permite que la gente se vuelva a apropiar de las historias, las personalice, les brinde contexto y las use como le provoque. (Vea un video de Jenkins hablando al respecto, al final de este post)

En lugar de existir el Gran Hermano que George Orwell esbozó en su novela 1984, la gente está empezando a controlar al Gran Hermano –el estado Omnipotente—con su capacidad de contar historias, según afirma el profesor. El ejemplo de wikileaks, los videos de torturadores en Irak y muchos otros escándalos han surgido de ese poder de capturar historias que todos tenemos.

Un fenómeno relacionado a esto es el del periodismo ciudadano, que muchos periodistas de oficio gustan de descalificar, al sentirse amenazados por una “turba” de ciudadanos que hacen gratis un trabajo por el que normalmente deben ser pagados los profesionales. Pero en general –con muy contadas excepciones— la ventaja del periodismo ciudadano no radica en su análisis profundo de la situación, ni en una gran labor de investigación previa, sino más bien se basa en la oportunidad, en estar en el lugar adecuado con el instrumento adecuado, que suele ser una cámara o un teléfono.

Y es esta omnipresencia del periodismo ciudadano, o simplemente de la gente, lo que nos permite vigilar al Gran Hermano. El Tsunami en Japón lo demostró con miles de videos de ciudadanos. La revolución jazmín en algunos países árabes y las recientes elecciones en Venezuela, son sólo dos ejemplos donde los ciudadanos toman el papel de vigilantes con sus cámaras y teléfonos e impactan a la opinión pública. Y ese es un fenómeno que llegó para quedarse, y con el que los gobiernos del mundo deberán aprender a convivir.

Al final es el Gran Hermano el que no puede dar un paso en falso sin temor de hallarse descubierto.