Ser un blogger se ha convertido en algo “in”, a la moda, que a muchos brinda una tribuna pública que de otra forma no tendrían. De alguna forma los blogs realizan el sueño de los grandes filósofos de la comunicación al permitir a casi cualquier persona que emita su opinión libremente.

Pero cuando los bloggers comienzan a ser considerados en serio, hay un grupo de personas que se molestan: los periodistas. Yo que estoy en ambos grupos, ya que soy tanto un blogger como un comunicador de oficio, me ha tocado mas de una vez escuchar malos comentarios en contra de los bloggers en boca de los colegas. Por otro lado también me ha tocado ver a empresas y agencias de PR que privilegian a los bloggers sobre los periodistas tradicionales, aunque nunca dejan de enviar las notas de prensa a diarios y revistas y siempre cobran por lo publicado en estos medios que están –para ellos—pasados de moda.

Al sentir que pertenezco a ambos mundos no puedo dejar de ver lo injusto de las descalificaciones generalizadas de lado y lado. Y también veo la verdad detrás de las críticas. El periodista crítica al blogger su falta de profesionalismo y el blogger ve en el periodista a un dinosaurio que no ha sabido evolucionar.

Dejando de lado las críticas de ambos lados y concentrándome en el papel del blogger, debo decir que a su favor tienen el disfrutar una de las experiencias comunicacionales más ricas que existen. Pueden –y generalmente deben– escribir en primera persona, dar sus opiniones y contar sus vivencias. Un blogger puede llegar a ser un gran amigo –virtual—de esos a los que visitamos sólo para oír sus apasionantes historias, y las opiniones de sus lectores son parte fundamental del proceso.

Pero cuando el blogger decide crecer y entra a los terrenos del periodismo –así sea el mentado periodismo ciudadano—comienza lo malo, al ser juzgado en iguales condiciones que periódicos y programas de radio y TV por parte de sus lectores. La gente puede exigir tanto de un blogger, que se olvidan de que la mayoría lo son sólo por diversión, y que su ocupación principal es otra muy diferente, exigiéndole cumplir horarios, responder correos y solucionar problemas de manera inmediata.

Pero lo peor ocurre cuando el blogger asume el papel de un medio convencional, sin contar con la infraestructura necesaria y con un enfoque nada profesional. Las informaciones dignas de aparecer en un medio deben ser reales, estar basadas en hechos ciertos –no en opiniones—e incluso contar con procesos de investigación y verificación extensos, algo que no necesitan la mayoría de los post de los bloggers. Una cosa es una opinión y otra un hecho. A veces pueden coincidir, pero aún así no valen igual. No se trata de que una sea mejor que otra, sino que simplemente son distintas.

En esta época de la web 2.0 donde cualquiera puede acometer la empresa de montar un blog, bien vale la pena reflexionar un poco sobre estos temas, y evitar así problemas posteriores.