Se ha hecho común la invitación “síguenos en Twitter y Facebook”, pero ¿es suficiente ser un seguidor? Depende de cómo se asuma ese rol.

La definición de “seguidor” en redes sociales proviene de la traducción de “follower” como “devoto”, “acólito”, como alguien que sigue a otro o a sus ideas. Pero entenderlo de esta forma sugiere una posición irreflexiva y pasiva en la que simplemente se repiten conductas de un miembro principal o referente del grupo, como una oveja que se suma a un rebaño.

El reto de los administradores de las páginas empresariales en Facebook o de sus cuentas de Twitter es que los seguidores se asuman tal como lo define el Diccionario de la Lengua Española: “Partidario activo de alguien o de algo”.

Una de las características distintivas de las plataformas sociales es el intercambio de contenidos, así que cuando una empresa se plantea su uso como simple extensión de los medios informativos tradicionales, está aprovechando solamente una fracción de la utilidad de los medios sociales. Está usando la web 2.0 como la 1.0: en una dirección como órgano de difusión.

En la pradera 2.0 no se espera que todas las ovejas sean blancas. Se espera que muchas puedan balar activamente, expresarse con criterios propios, compartir opiniones y contenidos distintos al rebaño. Aquí las mejores ovejas son las negras.