Manuel Mandujano, reconocido periodista de tecnología y analista de marketing interactivo, nos envía desde México esta colaboración que bien vale la pena leer –y tomar en cuenta– antes de seguir subiendo información a nuestras cuentas en redes sociales.

 

Iván Kaspersky fue secuestrado el 19 de abril de 2011 en Rusia, su país natal, después de que los delincuentes rastrearon sus hábitos en VKontakte, el “Facebook” ruso. Lo destacable es que su padre, Eugene, es el fundador de la compañía de seguridad informática que lleva su apellido.

El hecho motivó una carta abierta (http://ow.ly/5vdIT) en donde Eugene confirma que los raptores utilizaron activamente las redes sociales para el análisis de la información personal y la rutina diaria de su hijo, como las de otras posibles víctimas, para después planear el secuestro. El empresario previene entonces contra la excesiva disponibilidad de datos personales que uno sube en las redes sociales.

En esa carta advierte también de las consecuencias que trae la liberalidad con que las personas comparten sus pensamientos y dejan que sus amigos y no amigos sean parte de su vida.

Al no configurar la función de privacidad, la información llega también a manos de “personas con intenciones no amistosas”, señala Eugene, y agrega que 22% de las personas entre 16 y 24 años de edad no conocen a la gente con la que comparten información en las redes sociales. Su recomendación es educarse en seguridad de datos, y practicarla, en beneficio de la privacidad.

 

El contrasentido

La liberalidad para compartir información es un contrasentido cuando, por ejemplo, diversos congresos en el mundo legislan sobre el resguardo de los datos privados en poder de las empresas y de las instituciones públicas para preservar la privacidad e integridad de las personas.

La información personal está “subida” en dosis en más de una red social y en los blogs. Cada dato perfila a una persona, y los datos dispersos en las redes sociales pueden recolectarse. Una persona “con intenciones no amistosas”, reúne lo diseminado y tiene el perfil de quien le interesa; esa es su tarea.

Suele decirse que se sube o postea a la red lo que sale del corazón, así se trate de intimidades. La suma de posteos  describe perfectamente a la persona, con sus hábitos, sus gustos y sus recurrencias. Las fotografías también aportan datos que se integran al perfil: amigos, lugares frecuentes, costumbres, vestido, comidas y bebidas.

Todo eso es lo que puede ser usado en contra de la persona. “El secuestro o los depredadores sexuales son tan sólo uno de los posibles riesgos”, apunta Kaspersky.

 

Las buenas prácticas

Una buena práctica es seleccionar la información privada de la pública para decidir después cuál se difunde y cuál no, a sabiendas de que no se debe compartir todo lo que una persona es. Otra buena práctica es hacerse selectivos de las redes y de las personas con quien se desea ser “amigo”. La foto y el “retrato” propios no son para todos y no tienen que estar disponibles para todos en cualquier red social o en el mayor número de ellas.

Tampoco hay razón para mostrar información extra e innecesaria para los fines de una red social. Sucede así cuando a la persona le invade la presunción y comenta situaciones como la de “estoy en la Torre Eiffel”, “…cenando con la celebridad x”. En esa jactancia se exhibe la persona, a la vez que deja rastros de, por ejemplo, su nivel socioeconómico, además de su ubicación geográfica mediante Foursquare.

Toda información puede “perseguirse” en los buscadores generales, en los buscadores de cada red social y en los buscadores de personas (como muestra, haga la prueba y búsquese aquí: http://www.123people.es).

 

¿Afectará al marketing?

Ahora, bien; la difusión masiva de información personal -como la descrita- trabaja a favor de los responsables de mercadotecnia que buscan mercados de perfiles específicos en la Web o en las redes sociales; sencillamente, facilita la creación del perfil de los consumidores, objetivo del “behavioral marketing”, el que se basa en perfiles para desarrollar una publicidad relevante y enfocada.

¿Ese marketing basado en perfiles se verá afectado por las limitaciones que se vaya imponiendo el usuario para salvaguardar su privacidad y su seguridad  en las redes sociales?

¿Qué opina? Usted, apreciable lector, está invitado a compartir su comentario que, ya recordó, es rastreable, pero es de la información hecha expresamente pública.

Manuel Mandujano es analista de la industria del marketing interactivo y periodista iniciado en la “Era Post-PC”. Se le puede seguir en Twitter: @MMandujano